martes, 17 de julio de 2012

LA ENFERMERA COMUNITARIA

Cuando la acción individual e individualista centrada en programas de patologías se demostró poco eficaz y eficiente empezaron a desarrollarse determinadas estrategias de organización de la actividad enfermera que facilitaron la intervención y el desarrollo de la enfermería comunitaria y la consecuente denominación como enfermeras comunitarias apoyadas por la aparición de las primeras sociedades científicas de enfermería comunitaria que contribuyeron a darle solidez y justificación a dicha denominación. Se pasaba, por lo tanto, de ser enfermeras del sistema, modelo, institución o de un grupo de profesionales a identificarse con su verdadera razón de ser, la comunidad, a la que prestaban los cuidados que demandaban. Entendiendo la promoción de la salud y la intervención comunitaria como parte integrante del perfil profesional de las enfermeras comunitarias.
     La Comunidad dejaba de ser un sumatorio de individuos para pasar a convertirse en el núcleo fundamental de la atención holística enfermera. Conjugando la individualidad de cada uno de sus miembros, la idiosincrasia del grupo familiar y su proyección en la Comunidad. La Comunidad como un todo integral, integrado e integrador que no requieren de la denominación de quienes la componen (individuos y familias) para entender la atención integral.
     Este cambio de denominación da sentido a la enfermería comunitaria, hasta ese momento tan sólo incorporada en los planes de estudios, y pasa a constituirse en un elemento diferenciado y diferenciador de la atención enfermera en el ámbito de la Atención Primaria.
     Esta es la razón que justifica y merece la denominación de enfermeras comunitarias.
     Pero hay que destacar que todo este proceso se produjo de manera solapada al desarrollo de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, con más voluntad que éxito a la hora de darle contenido a su denominación. Y sin embargo, ahora que tenemos la oportunidad de desarrollar la enfermería comunitaria como especialidad, una vez más, caemos o nos hacen caer, en el mimetismo de la denominación médica. Pasando a denominarnos enfermeros de familia y comunidad como si fuese posible disgregar ambos conceptos de la atención integral de cuidados que nos identifica y con los riesgos que dicha similitud conlleva de invisibilización y fagocitosis.
     La comunidad, tal como apunta  Turabian,
1 se constituye como fuerza social dinámica, con características demográficas, instituciones, condiciones ambientales y recursos bien definidos, que entre otras cosas promueven o impiden la salud y el bienestar de la población. Así pues, la responsabilidad de las enfermeras comunitarias, está necesariamente compartida con el resto de elementos presentes en la comunidad: familias, instituciones -en especial la administración local-, otros servicios y profesionales de la comunidad, el tejido asociativo y los ciudadanos.
     Y es en este contexto en donde podemos identificar los principales retos de las enfermeras comunitarias y de la que debe ser su especialidad de enfermería familiar y comunitaria en proceso inicial de desarrollo.
     Retos que pasan por contemplar la difícil realidad que vivimos. Con una sociedad individualista, enajenada y, en gran medida, absorbida por la lucha del día a día. Una Administración que no escucha y que pone su interés en otros "intereses"; y unos profesionales, en general, muy poco concienciados y preparados de que la salud es cosa de todos y que es necesario contar con los individuos, la familia y la comunidad como agentes de su propia salud hacen que sea necesaria una enfermera comunitaria que de respuesta a los cambios demográficos, sociales, políticos y económicos de la comunidad que generan nuevas necesidades de cuidados:
     - Aumento de la esperanza de vida con el consiguiente aumento de la población anciana y el incremento de las enfermedades crónicas, con el consiguiente aumento de la presión sobre el sistema socio-sanitario.
     - Aumento de discapacidades en personas jóvenes derivadas de los accidentes de tráfico, accidentes laborales.
     - Aparición de nuevas enfermedades o de enfermedades consideradas erradicadas.
     - Aumento de los saldos migratorios.
     - Cambios en la estructura familiar tradicional, con aumento del número de hogares, descenso del número de familias extensas, aumento del número de hogares sin núcleo, aparición de nuevas formas de convivencia.
     - Incorporación de la mujer al mercado laboral con el consiguiente descenso de cuidadores principales familiares y el cambio de perfil del cuidador familiar, aumento del riesgo de morir sin ningún tipo de ayuda, aumento de la institucionalización de los ancianos/discapacitados y disminución del "colchón de cuidados informales", aumento de la rotación de ancianos, aumento de ancianos viviendo solos.
     - Crisis en la sociedad del bienestar, aparición de nuevas formas de financiación, nuevas estrategias de servicios comunitarios, nuevos enfoques de las instituciones sanitarias con nuevas formas de provisión de servicios que pasan de los servicios "centrados en la cama" a "servicios orientados al paciente" (hospitalización a domicilio, cirugía sin ingreso.).
     Todos estos cambios precisan de un posicionamiento y de un conocimiento por parte de las enfermeras comunitarias para convertir los retos que los mismos suponen en oportunidades de desarrollo, avance y consolidación de la enfermería comunitaria, siendo necesario para ello saber:
     - Identificar las necesidades de una comunidad multicultural para prestar los cuidados demandados.
     - Atender a la familia teniendo en cuenta las demandas de todos y cada uno de sus miembros, tanto de salud como de crecimiento personal integral.
     - Contemplar las complejas realidades de la comunicación, el diálogo y la interacción, desde una perspectiva integral e integradora, basada en la experiencia, la reflexión, la observación y el respeto.
     - Favorecer la identificación y priorización de grupos de riesgo.
     - Conjugar la atención en el centro de salud con la atención domiciliaria que genere el necesario equilibrio en la atención comunitaria.
     - Promover la responsabilidad social sobre la salud abandonando protagonismos y actitudes paternalistas de atención y desarrollando estrategias de intervención y participación comunitaria.
     - Incrementar la capacidad y el empoderamiento de la comunidad y los individuos
     - Constituirse como referente comunitario en la  coordinación y gestión de los recursos existentes en la comunidad, consolidando alianzas intersectoriales para la salud y estableciendo el liderazgo comunitario de los cuidados.
     - Incorporar los logros alcanzados en la investigación comunitaria enfermera de tal manera que los cuidados se sustenten en pruebas científicamente contrastadas (Enfermería basada en la evidencia).
     - Planificar, gestionar, desarrollar, ejecutar/delegar y evaluar los planes de cuidados derivados de la identificación y priorización de problemas de salud y necesidades realizados en la comunidad.
     - Etiquetar con diagnósticos enfermeros los problemas consecuentes de la alteración de las necesidades y formular planes de cuidados utilizando el conocimiento enfermero.
     - Desarrollar líneas de investigación comunitaria que permitan el avance y consolidación de los cuidados comunitarios enfermeros.
     - Asegurar la promoción de la salud como base fundamental de la actuación enfermera en la comunidad
     - Garantizar una atención comunitaria que sea capaz de armonizar los derechos del ciudadano con los derechos de la familia.
     Todos estos retos/oportunidades no son, sin embargo, algo que se constituya como novedad o como planteamiento teórico, sino que se sustenta en un amplio y variado marco normativo que va desde la Constitución -en sus artículos 43 y 9.-, la Ley General de Sanidad (1986) -en sus artículos 57, 58 y 64 del Capítulo III- el Real Decreto de Estructuras Básicas de Salud (1988), hasta instituciones como la OMS en la Declaración de Alma Ata (1978), la carta de Ottawa (1986), la Declaración de Yakarta (1997), Salud XXI (1999) o la última y más reciente carta de promoción de la salud de Bangkok (2005), hasta la más reciente Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia publicada en el BOE nº 299 de 15 de diciembre de 2006.
     Es por todo lo apuntado que se hace preciso un esfuerzo compartido que permita el desarrollo de la enfermería comunitaria como especialidad necesaria para dar respuesta a las necesidades de salud de la comunidad. Y a que sean las enfermeras comunitarias las que lideren, configuren y refuercen las bases de su implementación y justifiquen su necesidad para una eficaz y eficiente prestación de cuidados comunitarios.
     En la medida en que sepamos dar respuesta a estos planteamientos estaremos situándonos como referentes de la comunidad. Si por el contrario no lo hacemos o dejamos que otros lo hagan en nuestro lugar estaremos cometiendo un fraude de ley con la comunidad. Nuestra es la elección, nuestro el esfuerzo y nuestra la responsabilidad  del resultado final

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